lunes, 6 de abril de 2015

"QUE TU DULCE VIDA EXPIRA" - DESENCLAVAMIENTO DE CRISTO, EN ARJONILLA

 
Las palabras del poeta Antonio Pérez López, más conocido como Antonio de Jaén, me han de servir para describir como me sentí, hace ya años, al llegar a aquella blanca villa:
 
"Me preguntó un forastero
- ¿Por dónde se va a Arjonilla?
 
- Tome esa senda derecha
que atraviesa las campiñas
y verá un cielo muy claro
sobre unas casas muy limpias.
 
Sin salir de los olivos,
camino de la amistad,
verá asomarse una torre
con aires de catedral.
 
Siga usted.
 
Y donde note que el viento
lleva albahaca y clavel,
y le tiendan una mano,...
allí es."

 
Guardo en el corazón una Arjonilla blanca, porque así son las almas de los paisanos que me han acogido en ella. Conservo en los sentidos las palabras entretejidas en maravillosos diálogos desde el Valle-rico al alto de la Ermita de la Misericordia, desde la Capilla de Jesús a la torre de homenaje del castillo del trovador, desde el alfar árabe a los reposteros bordados por Carmen Cuesta. Tengo en el alma el abrazo fraterno de mis hermanos y hermanas de cofradía que dan vida a la bella Arjonilla y de todos los artistas que la pueblan y cuyas casas y estudios he tenido el honor de visitar, gracias a la pasión puesta en ello por mi eterno cicerone en la villa, maese Jesús Segado Hernández.
 
 
Todas esas vivencias, todos y cada uno de esos sentimientos, han llegado al sumun gracias a mi hermano Jesús. Lo he contado ya en otras ocasiones. Fue una tarde de marzo, caminando por las blancas calles de la villa, que la Providencia me llevó ante la puerta abierta de la capilla de Jesús y, en su interior, me ofreció el encuentro con la amistad en estado puro, que ha de durar mientras vivamos los tres cofrades a los que Padre Jesús quiso unir en aquel mágico momento. Junto a Jesús y a Luis sigo caminando por las vísperas que nos unen, y en cada ocasión que nos encontramos, volvemos a fajarnos el ceñidor de los proyectos, de las ilusiones, de la memoria de nuestros pueblos, compartida hasta que la noche pone eco al día.
 
 
Una cita a la que Jesús Segado Hernández me tenía convocado desde hace años, se ha visto cumplida por fin. A mi hermano nazareno le debo el hecho de haber podido pertenecer a los caballeros del Santo Sepulcro que, cada año, llevan a cabo la ceremonia del Desenclavamiento de Cristo, muerto en la Cruz, para conducirlo hasta el catafalco sobre el que será procesionado por las calles de Arjonilla.

 
Y fue en la tarde del Viernes Santo de 2015, que, junto a mi familia, llegué a la bellísima capilla, de ladrillo de fe, que guarda en su corazón a Nuestro Padre Jesús Nazareno, para consuelo entero de todo el pueblo de Arjonilla. Sería en su camarín, del que aún permanecía ausente al haber sido procesionado esa misma Madrugada, donde fui revestido con la túnica de su Cofradía y recibí la capa blanca con la encomienda de la Orden de la Cruz de Jerusalén, bellísima creación propiciada por la fe de maese Francisco Ruz Rueda, allá por el año 1986, y que reviste de elegancia a este cortejo de caballeros que han de desenclavar a Cristo del Árbol que ha recibido la Sangre Redentora.

 
Llegados a la parroquia, aguardamos en la Sacristía a que diera comienzo el ritual sagrado conservado, durante generaciones, en la villa de barro y cal, de olivar y vida. Los nervios caminaban a sus anchas por aquella amplia sala, retenidos tan sólo por la tranquilizadora planta de mis hermanos de la Orden del Santo Sepulcro. Aquel hábito que revestía me hacía sentir hermano de un noble linaje cristiano, de defensores de una Fe cierta. Los pequeños arjonilleros que habrían de recibir la corona y los clavos que serían retirados del cuerpo de Cristo, Andrea y Andrés, con su serenidad infantil, poco ayudaban a relajarse a este pobre cofrade, sabedor de que iba a participar en uno de los Actos más hermosos y llenos de significado que conserva nuestra Sacrosanta Religión.

 
Las instrucciones de Vicente y de Jesús eran precisas, el rostro serio y concentrado de mis hermanos del Santo Sepulcro me ayudaron a concentrarme a mi y a introducirme en aquella ceremonia, que nuestro mundo cristiano lleva conmemorando más de dos milenios.
 
Llegó el momento de salir a la Iglesia; se hizo el silencio en el abarrotado templo, cuando el sacerdote ocupó el púlpito para proclamar el sermón de las Siete Palabras, mientras los caballeros de la Orden del Santo Sepulcro ocupábamos los sitiales junto a Cristo Crucificado, efigie realizada en el pasado siglo por maese Domingo Sánchez Mesa.
 
 
Los pasos a dar eran bien conocidos por aquellos hermanos míos. Yo seguía junto a ellos el orden de aquella liturgia nacida del pueblo en el tiempo en el que las cosas se comprendían mejor con actos que con palabras. Aquella recreación del Descendimiento de Cristo de la Cruz donde entrega por nosotros la vida era la imagen mejor conservada por la retina de los mayores de Arjonilla. Así lo pude sentir en sus ojos, que precedían cada acto, cada gesto, cada momento representado en aquella bellísima ceremonia.
 
 
En completo silencio, fueron sucediéndose aquellas acciones que daban movimiento y verdad al lígneo cuerpo que nos recuerda la piel de Dios. Os confieso que la vida se resquebraja, muda cuanto le es vano, se desprende de todo cuanto es superfluo. Porque sientes cómo gravita junto a ti el Cuerpo muerto por amor. Fue al sentir el roce de su mano, que recuperé el tacto de mi padre aquel día que murió entre mis brazos. El mundo entero gravitó junto a aquel brazo que descendía hasta el costado de Cristo. El frío de aquella piel emulada se entretejió con aquel frío que invadía los últimos segundos de vida de mi padre. Y sentí que toda mi vida estaba destinada a ser glosa y acción de gracias por cuanto he recibido de mis mayores. Sabiéndome acompañado en el templo por mi esposa y mi hijo, continué recordando las palabras del Evangelio, donde se nos habla de la entrega del Cuerpo de Jesús a los Santos Varones para que lo lleven al sepulcro. ¡Herencia recibida y repetida, en conmemoración del Cristo vivo!





 
Sostener el cadáver de Cristo desenclavado de la Cruz es el examen más intenso al que un Cristiano se pueda someter. ¿Cómo puedo atreverme, Jesús mío, ni tan siquiera a estar cerca de ti mientras esta escena es recordada bajo las bóvedas de tu Iglesia, ante la Asamblea de tu pueblo, que revive el momento más terrible que ha de dar paso al Misterio de nuestra Fe?
 
 El miedo queda mitigado por la cercanía y la experiencia de mis hermanos, que realizan cada acción meditando las oraciones aprendidas, sometiendo a examen la vida de todo un año, rezando por sus familias. ¡Nunca llegaré a terminar de agradecer el haber podido formar parte de esta honorable escuadra de Caballeros que sostienen el Cuerpo muerto de Cristo!

 
El ritual me llevó a ser el encargado de retirar el clavo que atravesaba los pies de Cristo. Recuerdo aquellos segundos, que se convirtieron en siglos hasta que el metal volvió a traspasar la piel lígnea de Jesucristo. No hay mejor ejercicio para la humildad y la cura de toda soberbia que trascender de la propia vida y participar, por unos instantes, de esta imagen que encierra significados que han de cambiar mi vida por completo.






Descendido el Cuerpo inerte de Cristo de la Cruz santificada por su Sangre, llegó el momento de trasladarlo por la nave del templo hasta su Paso procesional, envuelto en un sudario, según rezan las Sagradas Escrituras. Los acólitos turibularios de las cinco Cofradías de Arjonilla envolvieron las naves de la Parroquia en una nube de incienso, que fue velo del templo rasgado por el cuerpo de Cristo mientras caminaba hacia su catafalco. Las manos se volvían golondrinas, que mitigaban el dolor inferido por las espinas y servían de paño que enjugaba aquella sangre, aquel dolor, aquel sufrimiento que traspasaba la piel y llegaba a lo más profundo del alma. Fue entonces cuando la Asamblea comenzó a musitar los versos del "Perdona a tu pueblo, Señor", y fue que el Sol quiso estar presente en aquel encuentro y atravesó, con todo su ocaso, la vidriera sobre la portada del Perdón del templo.







 
En los días venideros, en las memorias a las que volver, en los recuerdos compartidos, en cada ocasión en la que la vida conduzca a mi familia hasta esta Parroquia de Arjonilla, junto al corazón de su torre, en el refugio imperecedero de su Sagrario, mi alma volverá a proclamar mi Fe, mi solicitud eterna de perdón ante nuestro Creador, el honor que ha colmado mi existencia, las bendiciones que siento ya recibidas por toda mi familia.
 
¡Gracias eternas, hermanos  y hermanas de Arjonilla! Permitidme que os contenga a todos en un joven matrimonio al que considero espejo fiel de las virtudes de las buenas personas: Jesús y Ana Belén. Junto a ellos y a su familia entiendo mejor que la Providencia ha protegido a mi familia rodeándolos de las mejores personas que se pueda desear. ¡Gracias a los dos por hacer que los míos vivan la alegría, el orgullo y la gloria de sentirse hijos de Arjonilla!


viernes, 27 de marzo de 2015

AL NAZARENO DE SAN PEDRO - CRÓNICA DEL PREGÓN DE UN HOMBRE DE FE

Andújar es una tierra sana, hermosa, bendecida por Dios y habitada por su Madre Santísima. Andújar es una tierra de personas buenas, que saben lo que significa ser fieles a un linaje, seguir la huella aprendida por amor, vivir por lo que se ama, actuar por amor y vivir de actos.
 
El pasado Sábado, en el sublime escenario que la Comunidad Educativa de la "Sagrada Familia" dispone en la calle Alhamar, junto a la memoria Capuchina del Convento de San Roque, me reencontré con el hombre que conocía desde hace años, pero encumbrado a la enésima potencia de los andujareños ilustres. Maese Manuel Andrés Barea Collado ocupada el atril desde el que pronunció el Pregón para la Semana Santa andujareña en este año del Señor de 2015. La historia se daba la mano con su ser más elegante, con el don de la paternidad que Dios nos permite vivir sobre esta tierra. Andújar daba la palabra a uno de sus más doctos paisanos para que nos llevara de vuelta al encuentro con lo que somos.
 
 
Las palabras de Manuel me atraparon desde el primer renglón, cuando, como buen maestro de literatura, comenzó la narración de la vida de un cofrade a través del retrato de esos anhelos, sueños, vísperas, emociones y proyectos que sienten estos cristianos, poco entendidos por sus paisanos menos dados a la pública manifestación de su fe, y, en ocasiones, tampoco demasiado cobijados por los sacerdotes, que ven en esta manera de sentir y de actuar una fe anacrónica, fuera del siglo y cautiva más de la imagen que de la plegaria sentida.
 
Manuel nos situó en el día a día de un cofrade durante todo el año. Lo hizo de la mano de Teresa, Juanjo, Gregorio, Mario, Cabe (¡gracias, maese Manuel, por no permitir que este nombre se borre de nuestra esencia!) y algún que otro bendito capillita suelto por las esquinas de cera y flor y varal y vigilia. A través de una maravillosa historia recreada de la emoción vivida en tantas tardes de priostía junto a su padre, el pregonero nos llevó de vuelta a lo que somos y que jamás se debe perder.

 
¡Maravilloso principio el de esos dos jóvenes a las puertas de San Eufrasio, viendo la vuelta de Cristo Crucificado al barrio más joven de la ciudad y dar comienzo así a la crónica de una Semana Santa aún por vivir!
 
El pregonero volvió a encalar las paredes de la Ermita de la Aurora para que saludaran el tránsito del Señor de la Paz montado sobre un humilde pollino. De la forma más envolvente que se pueda soñar, dio paso a la memoria de la Estación penitencial de la Vera-Cruz a través del diálogo entre los jóvenes y un residente de San Juan de Dios. ¡No le cabe más arte a la memoria, no hay mejor figura literaria, no hay mayor intensidad que la de dar paso, a través de la mirada de lo que fuimos, a lo que pretendemos llegar a construir y recuperar!

 
Nos tenía Manuel cautivos, aguardando el intenso trabajo, el prolífico océano de citas y de costumbres que compartimos con Teresa y con Juanjo y con sus conocidos, que eran nazarenos y costaleros y costaleras y mujeres que visten la mantilla española y jóvenes conocedores de la historia cofrade de Andújar y amantes del arte,... ¡vamos, que no dejó el pregonero palo si su vela!
 
En ese ir y venir de capillitas de templo en templo, de acera en acera, de tradición en tradición, conocimos hechos históricos de los que, quien esto escribe, no tenía conocimiento (¡de maese Manolo Barea siempre se aprende algo nuevo!). Nos reencontramos con hijos de la ciudad, del noble apellido Barea, ocupando presidencias de nuestras cofradías por décadas enteras; y recuperamos la memoria de los artesanos que enseñaron a sus hijos a fabricar capirotes en la calle Dulce Jesús; y agradecimos el tesón y el amor de esas benditas camaristas (su madre entre ellas) que cuidaron y velaron y dispusieron todas las prendas para que la Madre de Dios, la Virgen María, estuviera siempre tan guapa como en el Cielo nos espera. 


 
¡Las buenas personas lo son porque nacen y son educados por personas buenas! No olvidaré nunca una de aquellas jornadas de la Octava del Corpus en la feligresía de San Bartolomé, cuando Manuel ayudaba a su padre, ya debilitado por la enfermedad, a montar el retablo y altar que habría de saludar el paso de Su Divina Majestad por el viejo local familiar de la calle "El aire". Estoy seguro de que así lo seguirá haciendo el pequeño Manuel Barea junto a sus hermanas. Porque la semilla es verdadera, porque el amor es real, porque lo lleva dentro.
 



 
 
 
No dejó el pregonero fuera ni un solo matiz, ni un solo momento, ni una sola estampa antigua, ni un solo instante vivido... Y no desaprovechó la oportunidad para ver convertidos en realidad los anhelos capillitas de nuestro pueblo, los que sueñan con ver a Nuestro Padre Jesús Cautivo, a Nuestra Señora del Mayor Dolor y al Santísimo Cristo del Amor y la Humildad (¡gracias, tocayo! Yo creo que sor Esther verá un tránsito tan Franciscano y tan dulce como el que le sueñan los altozanos mínimos de la ciudad al Cristo de la Buena Muerte).

Y tampoco permitiría el pregonero que se perdiera la memoria penitencial y de fe del Cristo de la Columna, de Santiago, y la de los Crucificados de las Batallas y de Burgos. ¡Bonico es Manuel para dejar aparte la historia cofrade de Andújar! ¡Aquí no se pierde nada! Vayamos a donde vayamos, como nos recordó el pregonero, ¡NO HEMOS DE PERDER LAS HUELLAS DE IDENTIDAD AÚN MANTENIDAS!: las tulipas protegiendo los codales de cera, los elementos que aún portan los cargos de la hermandad del Santo Sepulcro, la bandera de vela de la Virgen de las Angustias, la bocina del Señor de los Señores, nuestras mujeres de mantilla...
 
Manuel tenía en la faltriquera aún un deseo más que transmitir a nuestras conciencias. Y es que, de aquí a doce años, la ciudad celebrará dos aniversarios magnos, difíciles de contar con la huella de una vida. Me refiero al octavo centenario de la Aparición de Nuestra Señora de la Cabeza y al sexto centenario de la creación de la Cofradía de la Santa Vera-Cruz andujareña. Ante tamaña acumulación de años, de Estaciones penitenciales y de Romerías abrileñas, Manuel nos lanzaba un magno reto a los cofrades: ¡preparar una procesión del Santo Entierro Magno en nuestra ciudad! ¡Interesante propuesta, tocayo!
 
 
El profesor Barea, como investigador, es un Jándula de información en cada ocasión en la que puedes hablar con él y en todo momento en el que lees alguno de sus escritos, como es el caso de todas y cada una de las entradas que dan vida a su blog: NOMBRES PARA LA HISTORIA DE ANDÚJAR.
 
Es por ello que, al final de su Pregón, no podía por menos que hacer esa mención expresa y bellísima a todos nuestros artistas y artesanos, habidos y por haber, que eran los artífices de un maravilloso cortejo patrimonial para ese Cristo Nazareno, acompañado de su Madre Dolorosa, que nos llegaría, vestido de blanca túnica, desde el otro lado del Guadalquivir, de esa ermita de San Pedro que nos habla de una Andújar cerrada, sostenida por sabe Dios que humildes, pero sólidos, cimientos, que pueden contra el olvido, contra las pintadas, contra la desidia, contra las excavadoras... contra ese otro sello que nos ha marcado durante décadas: ¡la tontería de estar por la "modernura" de querer ser una ciudad adelantada a su tiempo!
 
Yo quiero, Manuel, servir junto a ti en esa Hermandad del otro lado del Río; vestir la túnica penitente, volver a aferrar la mano de mi padre y caminar junto al Divino Nazareno que no abandonará jamás esta Andújar que te debe el agradecimiento de haber cuajado un magnífico Pregón para nuestra Semana Santa.
 
¡Que Dios te bendiga y te guarde siempre hermano! ¡Y seguimos, continuaremos construyendo las vísperas de esta ciudad que lucha por ocupar su puesto, por ser lo que fue, por defender su derecho!
 

martes, 24 de marzo de 2015

ALICIA BORREGO CASAS; DESDE EL ALFAR QUE PUEBLAN TUS PINCELES


Mi Andújar es de ruan y raso, de terciopelo y seda, de capillo para los monaguillos y capote verde para cuando en la Sierra "otoñea" y las trochas vienen pidiendo guerra. Mi Andújar tiene la Primavera a un tiro de piedra, entre el turibulario y el mantón de manila, entre la flor "enrizá" y la jara abierta. Por eso, ahora es que os voy a hablar de mi Andújar interpretada por una maestra de la luz y del color: Alicia Borrego Casas, heredera de una nobilísima estirpe andujareña.
 
Hace ya más tiempo del que recuerdan las cambiantes calles andujareñas, en el ensanche de la rúa dedicada a Isidoro Miñón que mira hacia la memoria del castillo abatido, me tomé la primera cerveza junto a Alicia; ¡bueno,... a decir verdad, la cerveza la tomamos sus padres, Andrés y María José, y este humilde servidor... ¡Alicia se contentó con breves tragos al biberón que la acompañaba en su silleta!
 
Y parece que los lustros han ido pasando por el almirez de la espera y son ahora aliño de mañana del postrer Domingo de Abril en las cocinas de "Rincón del Arte", aguardando a que llegue la hora de que Dios quiera, otra vez, que una nueva Gloria nos alcance, y vuelva a pasar ante nosotros, un año más, en un eterno Abril, nuestra Madre, Alcaldesa, Protectora y Dueña: ¡la Santísima Virgen de la Cabeza!
 
 
 
 
¡A ver pasar la Gloria! A eso precisamente nos invita Alicia a través de su cartel para la Romería de 2015, en este XXX Aniversario de la Peña, cofrade y romera, "Rincón del Arte", de Andújar. Pero la joven artista nos lleva a un estadio aún más intenso. Alicia nos deja ante unas puertas de la espera abiertas de par en par, porque, para aumentar aún más las "buquelas" de nuestra vigilia, la artista recoge en su cartel el momento en el que la Dueña del mundo, la Virgen de la Cabeza, ya ha pasado ante la Casa-Refugio-Joyel-Tablao-Hogar de peregrinos que "Rincón del Arte" abre al mundo sobre el altivo Cerro Santo. Sí, la Virgen ya ha pasado ante la casa, y ahora se aleja buscando la Plaza de su Santuario sobre la mecida acompasada de sus anderos. Adivinamos el escudo de su Hermandad Matriz sobre el manto que diseñara y bordara maese Pedro Palenciano Olivares, y el Sol atrapado entre los imperiales de su Corona del Centenario. Acabamos de llegar pues ante aquel bendito lugar a tiempo para encontrar a los Rinconeros y  Rinconeras hechos un manojito de emociones, a estadal por cabeza, desecha el alma en amor a jirones, como motas de seda bajo la medallita de su Ser Romero. No nos podrán hablar, porque hay un Jándula entero que les llena por dentro de paz, de bendiciones, de coplas antiguas, de letrillas de maese Pedro López, de compases de noche de Presentación, de plegaria cantada y de dar albricias a la vida después de toda una "madrugá" al compás de sevillanas.
 
Alicia, por tanto, nos ha dejado con la miel en la boca; ¡Hasta el año que viene, Madre mía!... es lo único que atinamos a imaginar. ¡Ahí queda la maestría de la artista que es capaz de captar con su obra la voz de barro de las campanas del Rincón cuando pasa la Mujer perfecta elegida por Dios como Madre!
 
Pero, si el momento es adecuadísimo y único, un auténtico lujo es también la composición de este cartel que nos ofrece Alicia, nacido del pulso de sus querencias y de su crianza andujareña.
 
Y es que la Sierra entera está interpretada en su cabal acepción de Paraíso sobre la Tierra. Esta maestra del color, esta señora de la luz, esta dama de la voz pronunciada y pintada, ha vivido sus años rodeada de cada libro, de cada sonido, de cada palabra escuchada y compartida con la cepa fértil de su familia. Alicia ha crecido entre el color de los maestros Aldehuela y Palenciano, que se ha afianzado en su mirada. Ahora, ella nos muestra que es capaz de interpretarla a través de sus manos con la misma fuerza, con el mismo vigor, con la auténtica verdad de nuestra Sierra. ¡Y es que, encima, hasta la cal le nace como un poema rimado con las colgaduras carmesís, y le hace carantoñas y la pone a bailar entre las madroñeras y atrapa en su dibujo no sé que airecillo serrano, "escapao" de entre los damascos de seda de nuestras Banderas y lo lleva hasta la espadaña del Santuario,... ¡ y, para mi, hasta sus bronces resuenan!
 
Y como Alicia es cofrade y tiene la ciencia de las liturgias y las presencias plenamente asumida, en la orla que contiene su pregón pintado, nos refleja los mimbres que Pedro Palenciano compusiera para saludar a una Reina, y es que, hasta el guión de la Peña "Rincón del Arte", se ha hecho marco de jaras y madroñeras, donde una voz de plata, hecha campanilla, nos devuelve a ese bendito encuentro entre un pastorcillo y la Dueña de todas las Estrellas.
 

¡No sé que más decir! ¡Qué bien respira mi Andújar habitada por gente tan noble, tan artista, tan leal, tan buena!

¡Sólo tengo una pena! Acababa de llegar de Marmolejo... ¡y no pude escuchar a mi Alba de Luna llena abrileña! Ahora me consumen las horas a la espera de poder tener junto a mi su timbre, su gracia, su seseo de esta tierra, de recuperar sus palabras, de sentirla de nuevo, andando por chicuelinas entre damascos de esas banderas que Alba también llevó como enseña, por cofrade y andujareña! ¡Por favor, qué alguien me brinde su voz en radio, en televisión, en grabación Rinconera... ¡como sea!, porque sin Alba,... ¡a mi no me amanecen las Vísperas Romeras!

¡Mil besos, Alicia y Alba! ¡Millones de abrazos, artistas abrileñas! ¡Y que viva la Peña "Rincón del Arte", que sabe tomar de Andújar aquello que mejor nos habla de Ella!

¡VIVA LA VIRGEN DE LA CABEZA!

jueves, 19 de marzo de 2015

NOMBRES PARA LA HISTORIA DE LAS BANDERAS: ANTONIO JOSÉ MALDONADO TENORIO

La caballerosidad no se ha perdido. Hay caballeros criados, de noble genética, que perviven entre nosotros manteniendo un pulso con esos vientos vociferantes y vacíos que no nos llevan a ningún sitio.
 
Los caballeros que sustentan el sentido común de esta sociedad sobre sus hombros, acuden a la llamada de aquello que es puro desde sus inicios. Lo hacen junto a quienes pertenecen a su linaje; lo defienden, lo ayudan a mantenerse y lo llevan por bandera.
 
 
Hoy tengo el honor de hablaros de un Caballero Abanderado: maese Antonio Maldonado Tenorio. Junto a él, sirvo entre el grueso de Banderas de Nuestra Señora de la Cabeza, y a él le debo el ejemplo de hidalguía, de carácter, de valor, que se ha de infundir en los más jóvenes, para que tengan la certeza de que es auténtico cuanto defendemos.  
 

Os puedo garantizar, sin temor a equivocarme, que no existe parangón alguno en el momento en el que Antonio tomó entre sus manos, por primera vez, una Bandera. Sólo deciros que aún no había sentido la Cofradía de Andújar la emoción nacida de su presentación ante nuestra Dueña en la noche santa del Sábado de Romería y ya Antonio pudo entrar (¡sin esperarlo siquiera!) portando entre sus manos a nuestra Bandera Jubilar, después de haber caminado junto a Ella por las Calzadas, en una noche abrileña, sin conocer la liturgia de los vientos en los damascos y sin que nadie a su lado se la explicara... ¡SOLOS JUBILAR Y ÉL, Y LA VIRGEN SANTÍSIMA PEGADITA A SU LADO, SINTIÉNDOSE ORGULLOSA DE TANTA NOBLEZA, DE TANTO ARTE! Y con Ella llegó hasta el presbiterio, cuando aún no sabíamos de Abanderados, ni de ternos, ni de protocolos...
 
La Santísima Madre de Dios que lo vio entrar, supo que aquel niño que le rezó junto a sus padres ya se había hecho un hombre y estaría junto a Ella mientras Dios le diera fuerzas.
 
 
Ha recorrido España siguiendo los caminos de la fe de miles de peregrinos. Ha tenido muy cerca a nuestra Madre, la ha proclamado Emperatriz de la Vida, ha llorado y ha reído junto a Ella. Antonio es un caballero de la Virgen Santísima de la Cabeza; ha sujetado el Sol frente a la más bella Estrella en aquella noche del 11 de agosto de 2005.
 
 


 
Y Antonio, como buen cofrade, peregrino, hijo, hermano y amigo, es uno de esos sólidos puntales a los que mirar para saber cómo atrapar vientos entre las cintas de las Banderas para llevarlos ante nuestra Madre perfecta. Su planta es la de un maestro, un hombre que domina los vientos. Su silueta se triangula con el damasco y el mástil de cada bandera y forma los ángulos inimitables que unen el Cielo donde vive la Madre de Dios y su Basílica en el corazón de Sierra Morena.
 
¡Dios sabe lo que quiere,... estoy seguro de ello! ¡Sin lugar a dudas, elige a quienes han de ser Abanderados y Pregoneros de las Glorias de su Madre bendita desde la cuna! ¡Así es mi hermano Antonio: Abanderado de la Virgen Santísima!

lunes, 9 de marzo de 2015

EN CORTO Y POR DERECHO: MANUEL LÓPEZ DE TORRES, UN HOMBRE VALIENTE

 
Tiene palabra y una raíz que nutre su ser y le adoba los "costaos" de futuro con la noble arboladura del saber estar y del poderío de la esencia del arte en las venas.
 
Tiene pulsos de caballero eterno, de los que no necesitan tirar del libro de etiqueta y protocolo, porque ya lo llevan en el ADN de su comportamiento.
 
Tiene andares de costalero "criao" a los sones de "Tejera".
 
Tiene en los vuelos del capote la escuela de los viejos maestros: ¡la pureza!
 
Es un joven que se va ordenando la vida de acuerdo a unos prioridades que aluden a los clásicos en la manera de establecer en su vida una jerarquía de valores.
 
Es un joven de cadencia antigua, amigo de sus amigos, cabal, como nos dijeron nuestros padres que tendríamos que ser. Él no entiende de otra cosa que no le entre por los sentidos, lo eleve hasta el cénit de la maestría y convierta en todo un lujo cada movimiento.
 
Elegante en esta nueva etapa de su vida, fiel en sus propósitos, educado en sus maneras, artista en su planta y en sus desplantes, hijo de artistas, cofrade de alcurnia, amigo de quien llega de frente.
 
Hoy quería hablaros de maese Manuel López de Torres, porque me apetecía transmitir la esperanza en un mundo mejor que viene entre las manos de esta generación, ¡y lo hace a espuertas!
 
¡Hermano, que la vida tercie ante ti toda la providencial gloria que merezcas!, y por este camino por el que vas, ¡te vaticino que será inmensa!
 
 


 

miércoles, 11 de febrero de 2015

"PARA SUPERAR Y ANIQUILAR LA MUERTE..."

(El título está tomado de la liturgia hispano-mozárabe)

El recuerdo de lo amado necesita de un conector, un "interruptor" que esté por encima del paso del tiempo.

Al ser querido lo conservamos entre los pliegues de la memoria, en los pasos compartidos que parecen no detenerse nunca, en la vida que se ha entregado. La pérdida del ser, extrañar su tacto, requerir de nuevo el sonido de su voz, agudizar los recuerdos que se cubren de la niebla que conlleva la pervivencia.

Y es que hemos de seguir adelante. La vida continúa y la propia consciencia se preserva del dolor extremo. Los días se han de suceder y las experiencias, emociones y sensaciones deben encontrar su lugar en nuestra existencia.


Lignum Crucis. Iglesia de San Juan de Dios


Lignum Crucis. Cofradía de la Santa Vera-Cruz. Iglesia de San Bartolomé

Pero siempre permanece con nosotros el recuerdo, que utiliza como impulsor -como revulsivo- objetos, retazos, briznas del ser amado, que nos permiten recuperar la experiencia vivida y reconstruir de nuevo aquellos objetivos alcanzados o aquellos proyectos que no pudieron llegar a cumplirse.
Lo decididamente importante, lo vital, ha sido el vehículo utilizado para lograr aquella memoria.


Reliquias de San Eufrasio y Santa Potenciana. Parroquia de San Eufrasio


Relicario conteniendo las reliquias de San Bartolomé, San Ramón y San Sebastián. Iglesia de San Bartolomé

Guarda mi ciudad de Andújar fragmentos de un Amor vivido y  expresado, pleno y significativo. Las huellas de aquellos que amaron sin medida, que creyeron, que cimentaron las dudas con la confianza, que resolvieron en definir la Verdad como un orden moral comprendido, asumido.



Reliquia de San Diego de Alcalá. Cofradía de la Santa Vera-Cruz. Iglesia de San Bartolomé


Reliquia de San Vicente Paúl. Cofradía de la Agonía en el Huerto. Iglesia de la Divina Pastora


Reliquia de la beata Madre Petra de San José.
Comunidad de RR MM de Desamparados. Iglesia de San Juan de Dios

Se muestran en los templos y conventos. Algunas se saben custodiadas en oratorios privados y cenobios, que custodian las reliquias de sus hijos e hijas más preclaros, quienes ya alcanzaron la gloria y son venerados y honrados con el amor que se concibe como respuesta al legado transmitido.
Las reliquias conservadas y las alcanzadas después del trabajo constante de sus gentes son un punto de peregrinación para comprender los motivos, para animar a conocer más, para despertar la necesidad de sentir la cercanía, la confianza y de solventar las dudas que también ellos y ellas sufrieron.
Sentir, rozar, besar, tocar, ver,... son algunas de las realidades tangibles que precisamos, de una u otra forma, para conectar con la persona admirada, con el ser al que se ama, con la vida marcada como ejemplo.
Humildad, sencillez, amor, triunfo, magisterio, cercanía, erudición, sacrificio, alegría, entrega,... todo ello nos llega a través de la contemplación de las reliquias que hasta nosotros llegan.


Reliquia del beato fray Leopoldo de Alpandeire.
Hermandad de la Divina Pastora. Iglesia de la Divina Pastora


Reliquia del beato Juan Pablo II. Iglesia de San Eufrasio
(fotografía de maese Jorge Rodríguez Toribio)


Reliquia de sangre de Su Santidad Pío IX
pontífice que definió por inspiración del Espíritu Santo el Dogma de la Pureza Inmaculada de María desde el primer instante de su Concepción.

Está situada en un orbe bajo el remate del SINELABE de la Cofradía de la Santa Vera-Cruz, de Andújar.