viernes, 24 de octubre de 2014

...Y LÍBRANOS DEL MAL

 
Volvimos a la cita que nos une a la cintura de Padre Jesús cada primer domingo de octubre, cuando sale al encuentro de las personas enfermas e impedidas de su pueblo de Marmolejo. Varas con la Cruz arbórea bajo la tiara pontificia caminaron junto a los hermanos Nazarenos marmolejeños acercando la salud que brota de la mirada del Divino caminante a quienes más la precisaban.
 
Los hombros de las mujeres de Marmolejo serían las encargadas de acercar a Dios a nuestras vidas al término de la Santa Misa de aquel Domingo. La parroquia, llena de fieles, y el Evangelio de la fértil viña, nos predisponían para acercar a Cristo a cada casa del barrio oriental de la ciudad, brindando salud, consuelo, esperanza... ¡y vida!

 
Este vínculo que nos une al Dios hecho Hombre y abrazado a la Cruz, nos ha hecho caminar juntos a lo largo de este bendito Río que tiene Arte en todos y en cada uno de sus confines, un Arte que lo recorre de Este a Oeste...

 
El joven fotógrafo Jorge Rodríguez Toribio, con la ayuda inestimable de los paisanos, nos brindó la formación de su saber estar cofradiero. Cerquita de Cristo, Jorge buscó su rostro para aliviar el pesar de las almas que sufren el dolor y el desamparo.

 
La Cruz goticista de la Parroquia de Nuestra Señora de la Paz abría camino a la comitiva que recorría el barrio por el que el Sol entra cada mañana en la noble Villa del Agua. Ella anunciaba el paso de la Cristiana Comunidad que hacía lo que Cristo le pidió: estar cerca de quienes más nos necesitan.
 
 
El Estandarte hacía presente a toda la Cofradía, como insignia corporativa, divisa, enseña, santo y seña, identidad y legado histórico de la centenaria cofradía marmolejeña de Dios Nazareno y su bendita Madre, la Estrella. 

 
El incienso tenía aires también guadalquivireños, aunque, bien es cierto, que allí, junto a nosotros, eran muchos los corazones atrapados por Aquella que nos cuida desde San Gil...
 
Juventud marmolejeña quemando incienso ante el paso del unigénito de Dios. Pliegues romanos del alba y la cinta en el pelo. Dios camina entre su escolta de querubes turiferarios.


 
Y Cristo que volvía a casa. Caminando en silencio, entre sus hijos e hijas, entre mujeres que le rezan en la madrugada y que, llegado octubre, llenan ese hueco de sus almas sintiendo sobre el hombro el suave roce de la Redención que nos salva. El Señor de Marmolejo, el divino Nazareno, Dios, que camina y que nos habla. Esta es la raíz del sentir cristiano español. No se explica: ¡se vive! Por eso invitamos a todo el mundo a que se acerque a nuestras celebraciones religiosas, se santigüe y se deje llevar por lo que aprendió de sus abuelas desde la cuna. Si la simiente ha sido buena, la vida crece fuerte, ¡sin lugar a dudas!



 
Estrella bendita ceñida por el amor de tu tierra, de tu río, de tu cuadrilla y de todas y cada una de las madres que a ti confían la vida de sus familias. La Reina que conquista corazones bajo la espadaña de su Ermita.

 
Una Reina que se viste de peregrina y hace que el Camino no sea sino un premio al amor infinito de sus hijos e hijas. Nuestra Señora es Estrella de un firmamento, donde Dios corona de Gracia a Nuestra Señora de la Cabeza, Soberana y Emperatriz de toda la tierra que habita bajo el Cielo de su mirada.

 
Gracias, un año más, a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Estrella, de Marmolejo, por su invitación a participar en este acto único y emocionante por el que el Divino Nazareno recorre su pueblo y visita a sus gentes, calle a calle, casa a casa. Esta es la vida entendida a la manera cofrade: sincera, verdadera, justa y CRISTIANA.
 
Que el Señor os guarde y os bendiga siempre, queridos hermanos y hermanas Nazarenos. Y que la Virgen sea el ejemplo a seguir, Ella que llena de Gracia.




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