miércoles, 5 de abril de 2017

¡ADORAD EL ÁRBOL DE LA CRUZ!

 
 
Es una lenta amanecida de Viernes Santo la que se despereza entre los últimos parpadeos de la cera prendida ante el Monumento. La mañana de este día, pendiente todavía de los compases de la primera luna llena de Primavera, es más de Invierno que de Primavera.
 
Marchan a realizar las últimas visitas al encierro de Cristo Eucaristía las damas vestidas de duelo, junto a caballeros revestidos con el terno oscuro de los días de pésame. Los juegos infantiles están limitados y el día tiene ese deje metálico en el paladar que nos recuerda que no rememoramos una jornada cualquiera. Cristo se hace dueño de cada segundo de nuestra consciencia. ¡Así me lo enseñaron cuando era niño y así lo seguiré sintiendo!
 
¡Es la mañana del Nazareno! Del rechinar de los goznes de las pesadas puertas tras las jambas platerescas. El Nazareno de la Trinidad, el de la Cruz de Alcántara, el de la ronca voz de la bocina, el del andar pausado por la "Maestra", sale al encuentro de las almas afligidas.
 
 
 
Oficios para adorar a Cruz y besar a Cristo, que yace sobre ella. Se consume el Cuerpo ofrecido en sacrificio. El altar queda desnudo. El silencio invade el templo cuando lo abandonan los fieles. Las Madres de Desamparados visten su hábito negro y la reliquia de la Cruz colma el frontal de Angustias de una Madre Santa, que muestra sobre si el cuerpo maltratado de su Divino Hijo.
 
Sones de marcha fúnebre, por fin, invadirán el pésame de una ciudad ante el dolor de su Reina. Los ángeles pasionistas acompasarán las marchas antiguas con el rezo de Completas.
 
 
 
Cristo herido de muerte, alanzea con su mirada un cielo de nubes violetas. Hábitos penitentes de negra noche envuelven el dolor de la sangre derramada y la áspera soga de penitencia. Una párvula escuadra de niños y niñas, con capas del color de las penas, avanza junto a Jesús por un altozano que otrora viera el perfil de las almenas.
 
 
 
Un pomo de aromas en la mano sostiene la Santa Mujer, María Magdalena. Ausencias de su dolor y de su ejemplo de lealtad sienten las almas cofrades andujareñas, al igual que sienten el anhelo de recuperar a la Santa Verónica que, en San Eufrasio, veneraron aquellos que nos enseñaron esta senda.
 
 
Amargura de Madre bajo magnífico Palio. Caídas de gusto barroco bordadas por manos andujareñas. Saya azul de flores de la pasión, manto de Misericordia con el cárdeno florecer de la Sierra. Amargura de una Madre que viste de azahar la Corredera.
 
 
Y una Cruz triunfante que ha dejado de ser patíbulo, instrumento de castigo, de tortura, para converirse en la señal del cristiano, que, siguiendo el modelo de Cristo, ha de ofrecer por los demás la vida entera.
 
 
 
Una muerte nacida en Santa Marina. Cristo envuelto por una gótica pena, cobijado entre bóvedas de crucería con la sola escolta de los cuatros Evangelistas tallados por dos escultores de contrastada solvencia. ¡Magníficos bustos de los cuatro inspirados autores del Nuevo Testamento los realizdos por los hermanos Expósito Cortés para la hermandad del Santo Entierro!
 
 
 
 
 

 
Victoria de Franciscanos Mïnimos. Primer hito del viejo Camino. Soledad de las almas que sienten que les falta Ella. La Virgen de la Victoria pone broche final a la Pasión de María, que, en este año 2017, por primera vez estará acompañada, por ocho veces, con los acordes de Bandas de Música. Un año para consolar el dolor de una Madre según un viejo canon, con unas maneras decimonónicas, respondiendo a una vieja ciencia, nunca escrita, ¡pero grabada a fuego en los anhelos de las mentes nazarenas!
 
¡VIERNES SANTO EN ANDÚJAR! ¡LA CIUDAD ADORA EL ÁRBOL EN EL QUE ESTUVO CLAVADO EL CUERPO DE AQUEL QUE NOS DIO UNA VIDA NUEVA!

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