martes, 17 de febrero de 2015

"¡HÁGASE SEGÚN SU PALABRA!"

La Cuaresma de Andújar ha sido tiempo, desde antiguo, de vivencia cofradiera en la veneración de las Sagradas Imágenes que nos conducen al recuerdo de los momentos de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, compartidos por los dolores de Nuestra Señora y Madre, la Santísima Virgen María.
 
Nuestro investigadores nos han dejado bien marcada la existencia de las que ahora conocemos como Cofradías Cuaresmales o preparatorias para el tiempo de la Semana Santa y Solemne Triduo Pascual, que nos llevan a la Triunfal Conmemoración de la Resurrección de Cristo.
 
El Santísimo Cristo de Burgos, de las Batallas o de la Salud, Nuestro Padre Jesús atado a la Columna, acompañado por la Dolorosa, o, en los días presentes, la veneración a Nuestro Padre Jesús Nazareno, Cautivo y Rescatado, en el convento de Padres Trinitarios de Andújar, en el primer Viernes de Cuaresma del mes de Marzo, nos devuelven a esa atmósfera sagrada de Vísperas, donde las iglesias y las calles próximas a nuestros templos se convierten en el derrotero exacto que han de seguir las almas que buscan su conversión.
 
Nuestra Señora del Mayor Dolor, tal y como ya la advoca la fe de sus hijos e hijas que sostienen con tanto amor, delicadeza y alma su veneración, lleva entre nosotros 231 años, desde que el imaginero Manuel Ramos la realizara para completar ese Misterio de la Co-redención, junto a su Divino Hijo, de la condición humana.
 
Hemos de felicitarnos por la fe de aquellos cofrades que hacen posible que la Señora viva entre nosotros el ritual que la liturgia cristiana sostiene para reverenciar la vida.
 
La Cuaresma de Andújar tiene una Reina, una Dueña, una Señora: la Madre de Dios, la Virgen Dolorosa que nos llega de la recordada majestuosidad de la Iglesia de Santiago.
 
Acudamos en estos días a vivir este tiempo de Cambio, de Penitencia, de Conversión, para re-encontrarnos con este dulce y contenido dolor tras la magna reja de su templo, que la sigue guardando, junto a su Hijo, Nuestro Padre Jesús de la Columna, en la capilla de los Reinoso de Santa María la Mayor.
 
 






 

miércoles, 11 de febrero de 2015

"PARA SUPERAR Y ANIQUILAR LA MUERTE..."

(El título está tomado de la liturgia hispano-mozárabe)

El recuerdo de lo amado necesita de un conector, un "interruptor" que esté por encima del paso del tiempo.

Al ser querido lo conservamos entre los pliegues de la memoria, en los pasos compartidos que parecen no detenerse nunca, en la vida que se ha entregado. La pérdida del ser, extrañar su tacto, requerir de nuevo el sonido de su voz, agudizar los recuerdos que se cubren de la niebla que conlleva la pervivencia.

Y es que hemos de seguir adelante. La vida continúa y la propia consciencia se preserva del dolor extremo. Los días se han de suceder y las experiencias, emociones y sensaciones deben encontrar su lugar en nuestra existencia.


Lignum Crucis. Iglesia de San Juan de Dios


Lignum Crucis. Cofradía de la Santa Vera-Cruz. Iglesia de San Bartolomé

Pero siempre permanece con nosotros el recuerdo, que utiliza como impulsor -como revulsivo- objetos, retazos, briznas del ser amado, que nos permiten recuperar la experiencia vivida y reconstruir de nuevo aquellos objetivos alcanzados o aquellos proyectos que no pudieron llegar a cumplirse.
Lo decididamente importante, lo vital, ha sido el vehículo utilizado para lograr aquella memoria.


Reliquias de San Eufrasio y Santa Potenciana. Parroquia de San Eufrasio


Relicario conteniendo las reliquias de San Bartolomé, San Ramón y San Sebastián. Iglesia de San Bartolomé

Guarda mi ciudad de Andújar fragmentos de un Amor vivido y  expresado, pleno y significativo. Las huellas de aquellos que amaron sin medida, que creyeron, que cimentaron las dudas con la confianza, que resolvieron en definir la Verdad como un orden moral comprendido, asumido.



Reliquia de San Diego de Alcalá. Cofradía de la Santa Vera-Cruz. Iglesia de San Bartolomé


Reliquia de San Vicente Paúl. Cofradía de la Agonía en el Huerto. Iglesia de la Divina Pastora


Reliquia de la beata Madre Petra de San José.
Comunidad de RR MM de Desamparados. Iglesia de San Juan de Dios

Se muestran en los templos y conventos. Algunas se saben custodiadas en oratorios privados y cenobios, que custodian las reliquias de sus hijos e hijas más preclaros, quienes ya alcanzaron la gloria y son venerados y honrados con el amor que se concibe como respuesta al legado transmitido.
Las reliquias conservadas y las alcanzadas después del trabajo constante de sus gentes son un punto de peregrinación para comprender los motivos, para animar a conocer más, para despertar la necesidad de sentir la cercanía, la confianza y de solventar las dudas que también ellos y ellas sufrieron.
Sentir, rozar, besar, tocar, ver,... son algunas de las realidades tangibles que precisamos, de una u otra forma, para conectar con la persona admirada, con el ser al que se ama, con la vida marcada como ejemplo.
Humildad, sencillez, amor, triunfo, magisterio, cercanía, erudición, sacrificio, alegría, entrega,... todo ello nos llega a través de la contemplación de las reliquias que hasta nosotros llegan.


Reliquia del beato fray Leopoldo de Alpandeire.
Hermandad de la Divina Pastora. Iglesia de la Divina Pastora


Reliquia del beato Juan Pablo II. Iglesia de San Eufrasio
(fotografía de maese Jorge Rodríguez Toribio)


Reliquia de sangre de Su Santidad Pío IX
pontífice que definió por inspiración del Espíritu Santo el Dogma de la Pureza Inmaculada de María desde el primer instante de su Concepción.

Está situada en un orbe bajo el remate del SINELABE de la Cofradía de la Santa Vera-Cruz, de Andújar.