jueves, 11 de julio de 2013

LA PIEL NAZARENA HERIDA

Ocurrió el Domingo de Ramos de 2013, a la salida del Museo de la parroquia de San Bartolomé, cuando nuestro Director Espiritual recibió el Lignum Crucis de la Cofradía para llevarlo hasta su emplazamiento junto al Altar de la Parroquia, antes de la celebración de la Eucaristía. Mi túnica se enganchó con uno de los pestillos de la puerta que da acceso al templo, desgarrando su ruan. La piel nazarena se rasgaba como el velo del templo, como el propio entendimiento se abre de par en par durante cada Estación de Penitencia.
 
 
Vivimos en ella apenas unas horas al año, y su tacto es uno de los bienes más codiciados, más añorados, que poseemos.
 
Cada año me revisto con mi túnica de la Cofradía de la Vera-Cruz de Andújar en la casa de mi madre, junto a mi hermano Paco. Mi esposa nos ayuda a disponer bien cada uno de los complementos del penitente atuendo, entre los consejos de mi madre y la mirada párvula y nueva de mi hijo.

 
Es un tiempo breve, que conforma un ceremonial muy preciso, repetido de año en año, siguiendo la misma liturgia. La piel penitente llena cada rincón de la casa familiar. El vuelo de la oscura muceta nos recuerda lo que fuimos y lo que somos, y lo reduce todo a una anónima silueta.
 
La última estación de este rito familiar tiene lugar ante la fotografía de nuestro padre que preside el salón.
 
 
La herida de la que os hablo ha sido sanada por mi suegra, que ha venido a unirse a la nómina de manos cofrades de mi familia. Esa llaga salvada, esa costura que acompaña uno de los días más importantes de mi vida, repetido año tras año, es una oración musitada entre hilos negros, una plegaria silente, un libro de historia escrito sobre la lígnea heráldica de mi penitencia veracrucera, una filacteria con el lema de mi existencia, una llamada al cielo para el alma nazarena que con ella se cubre cada Domingo de Ramos, una certeza de que el mundo puede curarse, una esperanza en una vida mejor, una sanación milagrosa, un camino a seguir, una fina línea sobre el perfil de la ciudad, una llamada del Divino Nazareno para seguirle, el surco de una de las lágrimas que recorren el rostro de nuestra Madre, María Santísima, una imagen del cordón que ata las manos de quien fue el Cristo de mi padre, una palabra más del Evangelio de San Juan ceñida por el esparto penitente, una medalla tejida, un resquicio desde el que contemplar el paso del tiempo, un paso más dado a lo largo de mi existencia nazarena.
 
La piel herida, que sana ante la cercanía de la Verdadera Cruz que venera nuestra Cofradía de la Santa Vera-Cruz, de Andújar.
 

BARTOLOMÉ HERRERA Y SU OBRA A LO LARGO Y ANCHO DE NUESTRA PROVINCIA

No os puedo expresar la satisfacción que supone encontrarme en las mañana del martes ante la obra del maestro Herrera en la esquina en chaflán que marca el inicio de la calle que, en Mengíbar, lleva el nombre de Andújar. Todo un orgullo.




domingo, 7 de julio de 2013

RINCONES XI: CAFE-BAR CASEBA, EN MONTORO

 
Aunque ahora estoy centrado en las ocupaciones que han surgido en la provincia jiennense, el año empezó más pendiente de futuro en la provincia de Córdoba. De aquellos días, recuerdo con especial agradecimiento el trato recibido en este establecimiento cercano a la Plaza de Toros de la localidad de Montoro. La vida de la población llena las paredes de este café-bar. La luz le tiene como amigo. La mañana huele a café y pan tostado entre sus paredes.



Lo he dicho en muchas ocasiones: un bar tiene que contar una, o mejor dicho, muchas historias. Cuando tú pides un café o un par de cañas, es preciso que un mirada siga un recorrido amplio y diverso por sus muros. Mientras llega la tostada o los aperitivos, con el vaso en la mano, soplando o catando, recorres cada imagen, cada objeto, cada capa de tiempo.

 
Lo podemos apreciar en el blog: Pasión por Montoro. Esta población cordobesa ha sido especialmente bien tratada por los maestros fotógrafos. Sus calles, sus casas y las costumbres de sus gentes atraen de manera especial.
 
Y lo que no puede faltar en ningún bar: recuerdos deportivos que conservan la memoria fresca de tiempos mejores.

 
Un bendito Montoro de rincones y espacios que merecen recorrerse cuando las tardes sean más cortas y el tiempo invite a subir y bajar aquellas laderas.
 

 
 

martes, 2 de julio de 2013

FIDES SANCTI REGNI VI - PURA FE


“Las calles de Jaén, tienen cosas notabilísimas; no por número, aunque es muy grande; no por longitud, aunque hay una que atraviesa casi toda la ciudad; no por estrechez, que lo son muchas; sino por la forma de su plano y por sus propiedades”
Antonio Almendros Aguilar, 1847.

Amar la tierra natalicia, la propia y aquella más inmediata en la que se aposenta tu cuna, guarda una proporción geométrica con la condición de ser bien nacido.

Jaén es una provincia de cabecera, de frontera verde oliva y parda greda, con un desfiladero como antesala y con cuatro coronas montañosas que rinden vasallaje al río que en ella viene a la vida. Jaén tiene acento, aceite, acetre y acidez suficientes para que sus hijos e hijas nos sintiéramos orgullosos de ella hasta la última célula de la médula que recorre el canal de nuestras vértebras.

El pasado 15 de junio, fue una fecha propicia para proclamar bien alto el orgullo que sentimos por lo nuestro las gentes altivas del norte andaluz.


Una Cruz arbórea alzada sobre plata y tela, tres jóvenes con el pelo recogido vistiendo ternos de duelo y plata, tiras de encaje de “La Verdadera” y manoletinas negras caminan hacia la calle Tablerón, trayendo a la memoria una de las coplas más jaeneras que nuestros mayores nos canturrearon; y un séquito de monaguillos con incensarios flameantes viene precediendo al Cristo muerto de San Ildefonso, tendido, con un mapa escrito sobre su piel formado por legajos empapados de la propia sangre. 






El Yacente gira junto a la Puerta del Ángel en el preciso momento en el que el Sol se despide de la tarde. Y el luto de la música de capilla y el raso negro del Viernes Santo se guarda junto al Sol de Junio, dejando paso a los acordes recios de la Banda “Fe y Consuelo” de Martos para esta jornada especial y única.



Fue difícil cuadrar horarios para las cofradías que buscaban la Carrera desde el sur de la ciudad; aún así, hay que sacar su parte positiva a estas dificultades horarias, pues propiciaron el recogimiento del transeúnte entre los pliegues barrocos del Convento Franciscano de “Las Bernardas” de nuestra capital. Los lienzos de la Encarnación y la Asunción de Nuestra Señora dialogando con la tallada madera de sus retablos, con la imaginería heredada a lo largo de siglos de Fe de las Hermanas Clarisas y con la áurea Efigie de María Inmaculada, realmente vestida de Sol mientras corona aquel retablo, fueron algunos de los capítulos que no procesionarion durante aquella Catequesis pero que la contienen de antiguo. A ellos vino a unirse el sublime Nazareno del lienzo conservado en la nave de aquel Cenobio minorita femenino. Perfecta página iluminada del sin par leccionario jiennense.










La Basílica de San Ildefonso dejó salir del cobijo de sus góticas ramificaciones, el Cuerpo de Cristo muerto y Resucitado sobre la piel de madera con la que el hombre interpreta la entrega por amor del Hijo de Dios. El Cristo triunfante que fuera tallado en un viejo almacén de la Plaza de las Palmeras vino a nuestro encuentro durante la tarde. 






Él, que es fragancia de mañana de Domingo de Resurrección, se dejó recubrir por el tenue manto de una noche de finales de Primavera para proclamar, a los cuatro confines de la ciudad, una realidad que se prende en nuestras almas con la fuerza de aquella Cruz de fuego que habría de iluminar la noche jiennense desde el balcón principal de la fachada catedralicia al término de la Santa Misa. Cristo vence, Cristo eleva los brazos a Dios Padre mostrando la plenitud de su entrega, el verdadero significado de su mensaje y la verdad suprema que encierra toda vida.




El ros del portaguión de la Agrupación Musical de “La Borriquita”, de Villanueva del Arzobispo, rubricó, con sus plumas blancas, los acordes con los que sus compañeros acompañaron el andar del Triunfo del Varón de Dolores. La vieja mascarilla y las manos de Jesús que unen pasado y presente sobre la Canastilla de Cristo Resucitado despertaron el interés de los forasteros y la imaginación de los cofrades más párvulos.





El Ángel que guarda la ciudad desde su puerta se sintió honrado al servir como marco para este encuentro de Jaén con el universo cofrade llegado hasta ella. Y la Alameda Pastoreña brindó su frescor para el descanso de quienes no están tan acostumbrados a conquistar las cuestas donde nos hemos criado. La ciudad entera servía como magnífico escenario para esta jornada. Verdaderamente, mereció la pena celebrar nuestra forma de creer y de ser.




Fotografía tomada del blog de Abraham López

Y si hermosos lucieron los barrios de la ciudad, radiante se encumbró nuestra Catedral, única, bella, pilar y joya del Renacimiento, timón que gobierna el rumbo del pueblo cristiano de nuestra provincia: desde su origen gótico, con la legendaria efigie del maestro cantero que ahora dialoga con la estatua del Vandelvira,

hasta el perfecto dispositivo dispuesto ante las gradas catedralicias para servir de templo al aire libre, a las mismas puertas del Sancta Sanctorum jiennense.


Las últimas luces de la tarde se engalanaron con las notas del grupo de ministriles que recibieron a los once Pasos participantes en esta Magna Catequesis a su llegada ante la fachada catedralicia. Rotundidad de un escenario que dirigía la oración a las alturas. Magnífico retablo situado a los pies de esta maravilla del arte donde se condensó la forma de pensar del mundo cofrade jiennense en la manera más sublime a la que pudiera aspirarse.




Y componiendo un idílico retablo, ante el cual se situaba el Altar dispuesto para la celebración de la Santa Misa, nos encontramos con el sagrado lienzo que muestra el Santo Rostro de Cristo junto a las veneradas y queridas Imágenes de Nuestra Señora de la Capilla y de Santa Catalina de Alejandría, patrona y co-patrona, respectivamente, de nuestra Capital. Perfecta elección para una celebración de este calado.






El pequeño Manuel marca nuevos horarios e itinerarios diferentes a los que se seguían en la mocedad. Llega el momento para disfrutar del Jaén más acogedor.


En “El azulejo”, la gastronomía de la tierra, los hábitos moriscos, la bonanza de nuestros productos… todo se da cita para dejar el mejor sabor de boca a este día en nuestra capital provincial. ¡Echaba de menos disfrutar de una tarde en Jaén y nunca soñamos con poder disfrutar de esta magnífica jornada de arte, de fe, de reencuentro con nuestras cosas!